A las 9:00 suena nuestro despertador y nos ponemos en marcha hacia Algeciras. El ferry, bastante puntual (el año pasado se retrasó 3 horas), deja atrás el puerto a eso de las 13:00. Por delante nos espera una travesía de aproximadamente hora y media, un buen momento para recuperar horas de sueño, siempre y cuando seas capaz de obviar el agitado oleaje que hay hoy y que mece el ferry en un vaivén poco agradable. A las 13:30 (horario ya marroquí, una hora menos) estamos ya en Ceuta.
A través de la carretera que bordea la costa nos dirigimos hacia las aduanas: primero la española, luego la marroquí. Pero, a unos 4 kilómetros de nuestro objetivo, nos paramos en seco: atascazo. Una larga fila de coches parados hasta donde alcanza la vista. Como hemos podido comprobar otros años, suelen tomárselo con bastante calma en la aduana, pero lo de este año parece que se les ha ido de las manos. Intento tomármelo con paciencia observando el movimiento constante de los ceutíes a través de mi ventanilla: principalmente mujeres, con velo, hiyab o con su pelo al aire, van y vienen rodeándonos cargadas con bolsas. Es día de mercado en Ceuta. El mar, a nuestra izquierda, continúa agitado y una agradable brisa marina nos rodea.
Después de esperar durante 3 horas mi paciencia comienza a mermar y el hambre a apremiar. Son casi las 17:00 (las 18:00 en España) y no hemos desayunado ni comido. Además, nos esperan por delante todavía 5 horas y media de viaje. Los conductores, impacientes, comienzan a hacer sonar los claxon de sus coches en señal de protesta. Pero nada quiebra la particular tranquilidad de los policías de la aduana. Avanzamos muy lentamente. Y aún esperamos otra hora más.
Lo normal es pensar que la lentitud se deba a la precaución y a la seguridad, que estén revisando los coches que entran en el país o incluso buscando a alguien (es normal ver carteles de búsqueda en las cabinas de la aduana) pero lo curioso es que no se sabe muy bien el motivo de las 4 horas de espera. Al llegar al fin a la aduana marroquí, revisan nuestros pasaportes y ni siquiera nos mandan abrir el maletero o abrir las puertas traseras del coche. Eso sí, todo con mucha calma y parsimonia. Y, si se produce el 'Adhan'* o llamada a la oración, los policías interrumpirán su trabajo para rezar. Así es Marruecos: aquí no existen las prisas ni los agobios. Aquí las cosas transcurren con mucha tranquilidad.
*'Adhan' es la llamada a la oración que recita o canta el almuédano desde el minarete de la mezquita más próxima 5 veces al día. Cada llamada posee su propio nombre:
- Fajr (antes de la salida del sol)
- Zuhr (cénit)
- Asr (a media tarde. Antes de la puesta de sol)
- Maghrib (anochecer)
- Isha (de noche)
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